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¿Alguna vez has sentido que, por más que te esfuerzas, tus proyectos parecen no florecer? El Salmo 127:1-2 (NTV) nos recuerda: «Si el Señor no construye la casa, los trabajadores hacen esfuerzo inútil. Si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que los guardias vigilen». La vida no se trata de cuánto hacemos, sino de quién está al frente. Cuando dejamos a Dios fuera de nuestros planes —ya sea en la familia, el trabajo o las metas personales—, terminamos construyendo sobre arena: el éxito será temporal y el cansancio, eterno. Priorizar a Dios no es un cliché religioso; es la única manera de asegurar que lo que edificamos tenga raíces profundas y frutos duraderos.
DIOS SIEMPRE LLEGA JUSTO A TIEMPO
P. ELIAS HOYOS
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