SERIE: DETOX DEL ALMA
En nuestras manos está el poder de decidir qué entra y qué sale de nuestra vida. Dios nos dio libre albedrío, la capacidad de elegir entre el bien y el mal, pero también nos hizo responsables de las consecuencias de esas decisiones. Muchas veces buscamos culpar a otros o a las circunstancias por nuestros errores, pero la verdad es que nosotros somos los dueños de nuestras elecciones. Como dice Génesis 1:28 (NTV): «Dios los bendijo y les dijo: ‘Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen sobre ella'». Él nos entregó autoridad, pero también responsabilidad.
Cada pensamiento, palabra o acción es como una llave que abre puertas. Si permitimos que ideas negativas, mentiras, enojo o prácticas que no agradan a Dios entren en nuestra mente, le estamos dando acceso al enemigo para que influya en nosotros. No entra por fuerza, sino porque nosotros, con nuestras decisiones, lo invitamos. Por el contrario, cuando elegimos conscientemente lo bueno, lo verdadero y lo justo, cerramos esas puertas y protegemos nuestro corazón. Josué 24:15 (NTV) nos recuerda: «Elijan hoy a quién van a servir… Pero en lo que a mí y a mi familia respecta, serviremos al Señor».
P. Elias hoyos