SERIE: PRÓSPEROS Y EXITOSOS
Prosperar no significa únicamente tener dinero, alcanzar metas o hacer crecer una empresa; también significa vivir bien en todas las áreas, con un alma sana y en comunión con Dios. Juan expresó este deseo al decir: **“Querido amigo, espero que todo te vaya bien y que estés tan saludable en cuerpo como lo eres en espíritu”** (3 Juan 1:2, NTV). Antes de buscar resultados externos, pregúntate cómo está tu interior: ¿tus decisiones reflejan los principios de Dios?, ¿tu familia, trabajo y proyectos están guiados por Él? La verdadera prosperidad comienza cuando permites que Dios ordene tu corazón.
Todo lo que se construye termina revelando la calidad de su fundamento. Una fisura puede cubrirse, pero si el problema está los cimientos, tarde o temprano volverá a aparecer. De la misma manera, no basta con ocultar errores, aparentar éxito o buscar soluciones rápidas; es necesario revisar la raíz. Jesús enseñó: **“Todo el que escucha mi enseñanza y la sigue es sabio, como la persona que construye su casa sobre una roca”** (Mateo 7:24, NTV). Para ponerlo en práctica, examina tus hábitos, tus prioridades, tus relaciones y la manera en que administras tus recursos; reconoce aquello que necesita ser corregido y comienza de nuevo con honestidad.
Dios siempre llega Justo a Tiempo
P. Elias hoyos
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