Querido amigo, hoy quiero invitarte a reflexionar sobre la actitud de Jesús, quien, aunque es Dios, decidió no aferrarse a su gloria y privilegios, sino que se humilló y entregó su vida por amor a nosotros (Filipenses 2:5-8 NTV). Esta actitud no solo nos muestra el ejemplo más grande de amor y sacrificio, sino que también nos desafía a mirar dentro de nuestro corazón: ¿qué actitud tenemos ante la vida? ¿Nos aferramos a lo material, al orgullo o estamos dispuestos a vivir para Dios, confiando en que su amor es más grande que cualquier dificultad?
La Biblia nos enseña que el pecado nos separa de Dios, y que para restaurar esa relación tan importante, fue necesario un sacrificio: la sangre de un sacrificio sin mancha, es decir, Jesús (Hebreos 9:22 NTV).
P. ELIAS HOYOS